lunes, 12 de julio de 2010

La escena final

Dicen que hay momentos en nuestra vida en donde todo parece ser parte de una película, serie o por último una novela. Por un instante lo creo como tal, salvo algunas excepciones. Ello me consta, sobre todo ahora luego de casi tres semanas de haber concluido finalmente un nuevo ciclo universitario.


Lo descubrí esa noche saliendo de mi último examen, de Gestión de Empresas, curso que me atraía pero que no me llevaba bien con las teorías y demás definiciones que presentaban. Mi idea era escribir una escena final para la historia que se vengo haciendo, quería sentir la emoción de lo que realmente podría pasar en un final de ciclo donde muchos de mis compañeros se iban como egresados y futuros bachilleres de la facultad donde estudiaba, por ello comencé como si fuera un guionista a imaginarme aquella escena del capitulo final de esta temporada o de esta parte de la saga.


Me imaginaba la noche, claro está, con la iluminación del campus universitario en su esplendor y unas cuantas emociones dibujadas en aquellos alumnos que habían terminado su examen o se habían enterado de haber aprobado el curso a que tanto le temían. Veía a mi personaje salir del aula donde había dado el examen caminando por los pasillos, ver hacia el patio y percatarme de los rincones, repasando una y otra vez que era la última vez que vería en esa facultad a muchos compañeros que acababan su carrera, conocidos, compañeros, colegas, amigos y demás que se despedían esa noche de la profesión estudiante y le daban la bienvenida al término egresado. También veía a mi personaje despedirse de unos cuantos compañeros con quien continuaría la lucha por el siguiente ciclo y que la profesión lo separaba (cabe destacar que mi personaje iba a convertirse en periodista).


Sonaba una canción de un famoso soundtrack, una sonrisa se dibujaba en el rostro de mi personaje quien veía en el patio a muchos de sus conocidos dándose el abrazo de felicitaciones, uno de ellos mirándolo y pasándole la voz para sumarse al grupo, baja las escaleras y de inmediato corre para despedirse cordialmente de todos, un fuerte abrazo y las últimas palabras, de los recuerdos del 1er, 2do, 3ro, 4to, 5to, 6to, 7mo ciclo y demás momentos. Una búsqueda de miradas y mi personaje felicitaba a todos, el timbre y la bulla, fin del curso, corre el viento y la emoción embarga a todos, mi personaje sonríe mientras todos se despiden, un abrazo con alguien especial quien se encuentra entre los presentes, unas disculpas del caso y otro abrazo, el aplauso por el éxito conseguido y el pedido de espera ante los dos ciclos que le faltan. Una toma desde contrapicado del momento, lentamente hasta ver como el patio de pobla de estudiantes que se van, la cámara enfoca la ciudad, fundido a negro, créditos finales.


Era por un momento la escena memorable, la que tenia que quedarse en la historia, así debía ser porque era establecido que mi personaje debía sentirlo, así que espere el final del ciclo de este año, mi último día de clases para repasar miradas, expresiones y demás que se verían reflejadas en la historia que me venia imaginando. Así que hice lo que mi personaje haría para ese momento. Creo que esa noche descubrí lo que dije líneas arriba, que hay momentos en la vida en donde todo parece ser parte de una película, serie o por último una novela.


Esa noche salí de mi último examen, finalmente y tras despedirme cordialmente del profesor salí al patio para ver el momento, el soundtrack no sonó, pero la escena continuaba, al mirar hacia el patio lo aprecie vacío, unos cuantos alumnos estaban sentados conversando, lo que generó mi desazón, baje al patio y solo llegue a ver a unos cuantos conocidos, a quienes saludé y me despedí cordialmente, afortunadamente solo a uno de mis compañeros que se iba esa noche llegó a despedirse de mi, entre bromas y risas, abrazos y demás vi en ella (porque fue mujer) el reflejo de los pocos amigos de quienes esperaba despedirme, me dijo que con esfuerzo lograría mis metas, que era bueno en muchas cosas, pero que con esfuerzo lo lograría. Me emocioné y la escena continuó con el toque del timbre, la gente gritó y la emoción se pobló en el patio, unos cuantos compañeros se me acercaron ¡Por fin se acabó! Me dijo uno dándome un abrazo, otros lo hicieron, pero muy pocos. Los alumnos comenzaron a irse, me despedí de mi amiga y de los demás compañeros ubicados en la zona, los demás no aparecían o me pareció ya se habían ido.


Tras salir de la facultad bebí unas cervezas con mis amigos del salón, brindamos por lo que se venía y porque con esfuerzo lo lograríamos, mientras bebían un vaso recordé momentos con mis compañeros egresados, instantes que quedaron para mi posteridad pero que quizás recordaban, como quizás en ese momento no. Bebí a su salud y continúo la celebración. Ahí fué donde descubrí el final de la historia.


Llegue a casa, acomodé el papel y el lapicero para redactar la escena final de la historia que escribía, me imaginé lo que pensaba y lo comparé con lo que viví esa noche, no hice mucho, unos cuantos cambios y asunto arreglado, al final la imagen hacia fundido a negro cuando mi personaje iba caminando esparciendo un suspiro con olor a cebada fermentada dirigiéndose a casa.

1 comentario:

Jesus dijo...

A veces, y, más que a veces, cuando reparamos en nuestra propia vida, tenemos la angustiosa sensación de que, pese a la rutina a la que estamos sujetos, vivimos sin ningún sentido, que la vida que se nos ha sido dada carece de una cierto orden y comprensión, que no se parece en nada a la vida que sabemos de las películas, o los libros y, nunca, a la que quisiéramos que sea, por eso solemos fugar...¿a dónde? a lo imaginario, al reino puro de la palabra, a ese mundo tan consistente y suasorio, en el que somos otros viviendo de esa forma vicaria y postiza otras vidas muchísimo menos absurdas e imperfectas que la que tenemos.