Hace unos meses comencé a trabajar en el lugar menos esperado, un centro de atracciones en donde el universo y contexto donde cada historia se desarrollaba iba acompañada de una sonrisa. Un mundo en donde la tristeza no podía pasar así sea de manera camuflada en malas noticias, este lugar era el indicado donde pasar el tiempo y donde a pesar de por un momento no quererlo, termine acostumbrándome y queriendo seguir en él.
Mi trabajo no es una cosa resaltante, por eso no digo mucho de él, solamente mencionar que era un trabajo en donde cada día me venía algo bueno, algo especial y que me impulsaba a continuar a pesar de apartarme de mi carrera de escritor.
Uno de estos impulsos apareció una noche al momento de irme a casa, recuerdo que tras marcar mi salida en una vieja máquina Samsung de pantalla clara, subí a los vestidores con la intención de colocarme mi casaca, poner el único audífono del mp4 de mi hermana en el oído y salir rumbo a casa al ritmo de una canción de Duncan Dhu.
De repente tras subir las escaleras de caracol me tope que no estaba solo en el ambiente, en una de las sillas amarillas ubicadas en el área de comedor se encontraba una muchacha acomodando su mochila, su cabello amarrado con un cole color negro y un polo color azul demostraban que se preparaba para irse.
La había visto anteriormente, pero no le preste atención puesto que el nerviosismo de los primeros días invadía mi ser a cada hora que pasaba con la intención de ganarme unos cuantos soles. No recordaba su nombre, y no era para preguntarle, fue algo temeroso pero antes que diga algo ella ya me estaba mirando, sonrió y quizás fue una centella la que apareció de inmediato, pero la veía distinta, esa sonrisa provoco en mi persona algo fuerte que hizo que vaya lento en mis movimientos.
“Hola”, me dijo y yo respondí con una sonrisa, me preguntó si me iba a casa o salía a cenar, le dije que me iba y que estaba cansado, me comento que las cosas en taquilla (lugar donde trabajaba) también estuvo matado, a pesar de ser día de semana las cosas eran movidas, “Y claro, tanto niño que nos viene a visitar… deberían estar estudiando” le dije y ella se rió, acomodo su mochila y yo me coloque mi casaca sacada de la mochila sin casillero que tenia.
“¿Vas por ahí?”, me pregunto, yo no saque mi mp4 en esta oportunidad, le sonreí y salimos juntos por aquella pequeña puerta con dirección a la salida.
Caminamos por entre el centro comercial donde se ubica el trabajo mientras hablábamos, no había apuro, aún era temprano y quizás me daba cuenta en ese momento que esta chica tenía algo que generaba que no quiera irme a casa. Le pregunte donde vivía, me dijo por Comas, era algo lejos, pero le dije que la acompañaba a tomar su auto para que este más segura, así lo hice y tras subir al auto y yo irme a casa intente analizar su nombre y que días venia, quizás habría oportunidad de hablar nuevamente.***
Con el pasar de los días me convertí en asiduo visitante del lugar en donde laboraba, a pesar de estar en el mismo local no podíamos vernos mucho, claro por culpa de nuestras diferencias laborales.
Las veces que nos veíamos era motivo de conversación, a veces me escapaba de lo que tenía que hacer e iba a su lugar, fuera del parque, pero igual, buscaba una escoba y un recogedor y hacia lo posible para escaparme a su zona, de repente yo aparecía y le preguntaba si necesitaba ayuda, me decía que si y que felizmente había llegado yo y no otra persona.
Sin ser tan asiduos nos volvimos amigos, pero en realidad yo iba a algo más directo, me caía bien, si sonrisa y esa mirada penetrante me volvía loco, incluso a veces a mi jefe le pedía salir a botar la basura para nada más verla o hablarle, y así era, lograba mi cometido y finalmente nos veíamos.
Lo único negativo eran los horarios, a veces ella salía antes que yo o yo salía antes que ella, me daban ganas de buscarla o esperarla, aguantaba el hambre y demás pero no me importaba, en algunas ocasiones en los descansos esperaba su presencia, no llegaba, pero igual, me daba tiempo para escribirle unos poemas que aún conservo.
Le conté del caso a un amigo del trabajo, me dijo que la conocía pero me dijo algo con que sello todo: “Ya tiene enamorado”, me dijo, yo claro sentí un pequeño dolor, pero quise intentarlo, era terco y debía serlo aquí también.
Seguí con mi tarea de convertirme en más, pero no lograba mucho, las veces que la veía se asombraba por mi estilo y por a voz que me manejaba (algunas veces como locutor de radio).
Veía pasar los meses y la idea de irme de la empresa rondaba mi cabeza, ya faltaba poco para fiestas y era buen tiempo para despedirme, no sin antes intentar algo.
Llegaron fiestas, pero mi adiós comenzó a prolongarse, me iba a quedar pero solo por un mes, un mes para poder lograr algo, esta vez hablaba enserio. Justo el 31 que llegue al trabajo cruce la puerta de ingreso y ella salía, me dijo Hola y salió, yo en mi apuro no me quede, algo me decía que aun no entrara, pero lo hice.
La primera semana del año nuevo volví al trabajo, sonriente y tranquilo, vi mi horario y busque el nombre de ella para darle un abrazo por fiestas (ya que nunca pude hacerlo), al ver el horario su nombre no figuraba.***
Extrañado no pregunte a nadie, comencé a ver los nuevos rostros del trabajo hasta que me mencionaron que un retiro masivo de trabajadores había ocurrido por fin de mes, pregunte por los nombres y me dieron la lista de casi nueve personas, entre ellas su nombre figuraba.
Pregunte a un amigo que la conoce por que ella se había ido, que había motivado a que se vaya si tenía tantos planes, su negocio propio, su tienda de belleza, su departamento y demás. La explicación llego de repente y con una voz uniforme y seria: “Se va a casar en 30 días”.
***
Ayer estuve en el trabajo, me mandaron a limpiar justamente la zona en donde ella trabajaba y donde tantas veces le ayude, otra muchacha ocupa su puesto y noto la diferencia, mientras trapeaba y sacudía ese ambiente recordé su sonrisa, me parecía verla aun, por instantes sentía su presencia y un toque en la espalda diciéndome que volvía al trabajo… muchas cosas que se opacaron cuando apagaron las luces del lugar, subí al vestidor y me puse mi polo, acomode los audífonos en mi oído y puse una canción, Salí del trabajo y no había porque ir tan lento. Camine con dirección al paradero no sin antes imaginármela en casa descansando y soñando con el magno día de su matrimonio.
Extendí mi mano y detuve una combi, subí en ella y mirando a la ventana observe pasar la ciudad, suspire un momento y sin hacer muecas me pregunte en que parte de este mundo iba a ser feliz.