domingo, 20 de abril de 2008

"Tú y tus elefantadas"

Amiga, gracias por comprenderme, este post esta dedicado para ti... !Con cariño!


No recuerdo en que clase fue, pero me contaron sobre la historia de los elefantes, que son los únicos seres vivientes que poseen una memoria tan pero tan intacta que podrían ganarle fácilmente a las memorias de USB (chiste tonto pero que se hara…)
Me dijeron que los elefantes en algún momento de su vida deben morir (y quien no lo sabe), pues al morir ellos deben ir a un lugar llamado “cementerio de elefantes”, allí deben encontrar el punto exacto donde deben morir y así lo eligen, para ello deben ir con sus crías. Al morir, ellos toman su posta y así en medio de la congoja de la partida a la eternidad se quedan viviendo plenamente lo que les resta de vida.
Pasan los años, y las crías han crecido, ya han formado su familia y ahora son padre; ahora a ellos les toca morir, así que antes de irse para siempre llevan a sus crías al mismo “cementerio”, recorren el ambiente y entre los huesos y cráneos de los elefantes muertos la el elefante casi agonizante llega a un cráneo especifico, lo observa y de inmediato lo quiebra con su pata gigante para morir al instante. Para los que quieren saber mas, el cráneo que quebró era el de su padre muerto.
Me sorprendió en demasía dicha historia, y puedo decirles que es algo que desearía para toda la eternidad, pero bueno, creo que ya no es necesario desearlo, todo por culpa de Valerie.

Valerie es una chica de la universidad, no solo una chica, una amiga, bueno, no solo una amiga, una gran amiga....mas que amiga... es periodista (recuerdas eso de que no hay amigos periodistas, solamente amigos?) sucede que ella es una de esas chicas que dicen las cosas como son, que mantiene un comportamiento acorde al instante y que a veces por motivos que valen la pena da rienda suelta a sus momentos de locura pasajera (no frunzas el ceño Val).
Bueno, bueno, la cosa es que Valerie es una de las receptoras mas saltantes de mis historias y anécdotas tanto de la niñez como de la juventud cada vez que vamos caminando al paradero donde ella toma su auto (que es algo lejos de la universidad, porque ella quiere) conversamos de lo que sea, cualquier cosa, lo que sea, así sea política, espectáculos, televisión y sobre todo nuestro tema primordial, el periodismo.
Aunque creo que el tema en general para ambos es el momento de recordar situaciones vividas en nuestra niñez, anécdotas desde aquellas épocas donde las niñas se ponían esas medias con mallitas decoradas y tejidas con crochet y falditas color rosadito pastel, así como a los niños les ponían en sus pantalones cortos tirantes negros y corbatita michi para ir al cumpleaños de algún niño de la cuadra.
Pero ¿Qué tiene que ver el pasado con el elefante y Valerie?
Pues a Valerie les cuento momentos de mi pasado, que a pesar de tan solo tener 21 años parece que hubiese vivido en aquella época en que las canciones de Nino Bravo y Camilo Sesto estuviesen recién siendo pensadas por los propios compositores.
Es que empiezo a relatar cosa que Valerie me dice en ningún momento o muy vagamente haya visto u oído en su vida (ella casi tiene mi edad).
Recuerdo aquellos años cuando veía esa miniserie Tatán, o cuando iba a la panadería a comprar la crema volteada Milkito, cuando mi papá me llevaba a la tienda y me compraba mi Drinki Milky, cuando mi mamá nos compro a mi y a mi hermana una botella de dos litros de gaseosa Lulú para nuestro paseo con mi tía al Parque de las Leyendas, las veces que con mis hermanos jugábamos en el patio a la guerrita con sus muñecos pequeños de soldaditos, los comerciales de antaño cuando salía Oswaldo Cattone protagonizando comerciales de Hogar (que ya quebró hace años) la voz del informativo de la noche por RPP noticias con esa musiquita del “tintiririntintin... en todo el Perú las 9 de la noche 34 minutos” y esos anuncios de un muñequito en forma de foco por televisión que agarrando un foquito mas pequeño informaba que ElectroLima se encargaba de tu luz, o ese anuncio inolvidable de Radiomar cuando sonaba una música y el locutor mencionaba “Desde el corazón del pacífico, Radiomar, para todo el mundo... Claaaaaaroooo...”, etc.
Puedo contar tanto, momentos de mi vida, situaciones que recuerdo haber visto (y no es por exagerar) desde la panza de mi mama.
Pero bueno, todo viene a que no se si Valerie se aburre o se impresiona al respecto, me dice que no puede creer que yo recuerde tanto de aquellas épocas en las que simplemente ella recuerda tenerle miedo al reloj antiguo de la casa de su abuela mientras yo fácilmente podría escribir un libro sobre el pasado en el Perú.
La cosa aquí es que Vale me fastidia sobre este tema, diciéndome que tengo una memoria de elefante y que podría recordar tanta cosa se me atreva, no se que mas.
El jueves plan de las 6 y media estando en el paradero y hablando justo de lo mismo me dijo algo que me causo asombro y a la vez gracia, mientras le contaba sobre otro suceso me menciono la siguiente cita textual:
- “Cuando no tú y tus elefantadas”.
¿Elefantadas? Puede ser que ahora para una actividad pro fondos puedan estar realizando dicho acto, pero supe después a lo que se refirió, en el caso de mi memoria que fácilmente podría irme a morir en el mismo cuarto de hospital donde nací, incluso, ir a penar a los lugares donde mi madre paseaba teniendo tan solo un mes de embarazo de mi persona, pero reaccione percatándome que era cierto, soy uno de esos que simplemente podría ir a radio La Inolvidable, Oxigeno u otra mas y hablar sobre esa época..
Solo quiero concluir mencionando un gracias, a mis padres por hacerme con esta memoria a largo plazo, a mis hermanos Javier y Rafael, que gracias a su música y sus momentos pude recordar aquellos años cuando frente al televisor a perilla bailábamos las canciones de Magneto con todo y coreografía. A mi hermana Karina, que con sus juegos de muñecas recuerdo las recreaciones de las novelas de la época, incluso de como el galán se acercaba con engaños a la protagonista. A toda mi familia, que todo se generaliza en un solo recuerdo grato, cuando mi abuelita Juana me llevaba del brazo por el paradero de la casa de mi tía Elena, cuando Villa Maria del Triunfo era todo un arenal con cerros que fácilmente podrían ser un desierto.
Ah y gracias también a Valerie, que sin su atención, tal vez mis recuerdos se hayan extinguido lo más rápido posible, (aunque lo dudo)
Recuerdo final:
Bailando marinera en el jardín (o kindergarden) teniendo tan solo 3 años, el niño que debía bailar no había ido porque se enfermó, así que me pidieron hacerlo junto a una niña llamada Vanessa, que llevaba una falda larga y su cabello suelto, pañuelo blanco y una sonrisa tímida por mi presencia. Gracias a ese momento, creo que veo porque soy tan hincha de la música peruana.
Frase final:
“Recordar es volver a vivir” (verdad?)

5 comentarios:

G. Goodchild dijo...

efectiva remembranza, muchas cosas q recuerdas tambien las recuerdo yo... solo q en otro contexto, uno más "miraflorino"

por otro lado, en algunos momentos de la lectura divagas un poco, asi q te recomiendo q cuando vayas a escribir de algo en particular, sigue una sola idea, hasta q se concrete el mensaje

fuera de esos detalles, te digo q me gusto en partes tu texto, un buen ejercicio del recuerdo, q es basicamente a lo q querias llegar

Aparelho de DVD dijo...

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varguitass dijo...

no me gustó el primer coment, o sea, qué se alucina

eeeeeeeen fin

buen post!


.

Brian Tejeda dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

cualquiera que viese la fotografía de otra persona en tu post, y un título mencionándolo, pensaría con seguridad que en realidad le dedicabas algunas palabras, además de tiempo, que bien la afección sabrían justificar, tal vez por tratarse de alguien, cuando no extraña, sí especial. En fin, fue otra publicación de escritor aprendiz y ególatra...